Despierto abriendo entre lagañas y quejidos mis lánguidos ojos, no reconozco este lugar tan dado a la basura. Me pregunto donde estoy y que fue lo que sucedió la noche anterior.
No se si fue alcohol o drogas lo que me tome pero al levantarme lentamente me di cuenta que tengo una jaqueca de los mil demonios.
El lugar a mi alrededor es un departamento abandonado, por consiguiente existen envases de cerveza, vidrios rotos por todos lados y también me doy cuenta que hay sangre en el suelo. ¡Maldita sea! Espero que no sea mía.
Dando un suspiro por el mareo y el sueño que aun me invade, busco mas pistas de lo que sucedió el día de ayer, probablemente algún desgraciado mientras estaba ebrio me asalto y me fu a dejar en este miserable lugar esperando que este muerto.
Espero un momento a que el mareo ceda un poco y me dirijo a la ventana, rota con algunos pedazos en su lugar.
Me asomo al exterior lentamente ahí esta el bar “El coyote”, me regalo una ligera sonrisa y me doy cuenta que no estoy tan lejos de mi cueva.
“el coyote” es un bar donde suelo ir a menudo, no es un lugar agradable pero al menos el cantinero es amable y el precio de la cerveza, su edad no lo deja entrar a los madrazos para sacar borrachos pero toda su clientela lo considera su amigo y le evita ese tipo de conflictos. La esposa del dueño no es bonita, ni siquiera tiene nalgas apetecibles, pero sus grandes y lánguidos pechos siempre tambaleándose hacen que quiera eyacularme en ellos y siempre estoy buscando la manera de penetrarle el culo.
La música de ese lugar no es la que mas me agrade, un tipo que se dice viajero de todo el mundo acaricia la guitarra por unas cuantas horas, regalando alaridos de la gente herida que frecuenta ese sitio, y algunos más que solo berrean los sonetos de tan desdichado músico. En lo personal su trova me hace vomitar, y cuando tengo la oportunidad de hacer contacto visual con ese profeta de su propia desdicha trato de acarrear su ira contra mi, para “cantarnos” un tiro, pero el es demasiado con su propia guitarra, y me evade constantemente.
Ahora vienen los recuerdos, ayer mismo recuerdo haber robado su estuche de la guitarra, bien pues también recuerdo que para hacerlo tome unas siete u ocho cervezas, tal vez a eso se deba la jaqueca, pero no encuentro el estuche de la guitarra, entonces si me robaron.
Curioso es el momento en el que meto mi mano al pantalón pues mi billetera sigue ahí, y también mis cigarrillos, ¡perfecto! El desgraciado que me acomodo esta paliza fue muy idiota.
Enciendo el primer cigarro para seguir contemplando la habitación, tratando de entender como es que amanecí aquí y no afuera del coyote que es donde suelo amanecer. La estela de humo que deja la punta incandescente empieza a formar la imagen del cuerpo desnudo de una mujer, -que delicia, fornicar ahora no me haría nada mal, solo hay que buscar una perra-.
Mientras este pensamiento cruza mi cabeza comienzo a tener una erección pero arde, arde como el carajo, desabrocho mi bragueta y veo que la glande de mi pene parece un leproso en fase terminal, descarapelado hasta el babeo de mis gónadas –genial- eso significa que ayer fornique con alguna zorra, tal vez haya sido ella quien me dejo aquí. Le arrojo un escupitajo a mi miembro para que lubrique y evitar que el roce contraiga más mi pelvis y trato de hilar este desorden.
Camino hacia lo que parece el baño, el mareo me desorbita, me arroja a la pared, mi cabeza se da un ligero golpe y mi cuerpo queda haciendo contrapeso con la puerta, ahí encuentro envases rotos de cerveza por todo el suelo y una estampilla de la marina.
Billy estuvo aquí, conmigo, tal vez la sangre en el suelo sea de el, desgraciados, donde le hayan hecho algo al pequeño no tendré piedad.
Billy es mi único amigo, almenos en los últimos tres meses, un chico joven pero igual de rudo y pisteador como requiero que sean mis amigos.
El Chico tiene poco en la ciudad, viene del otro lado, se retiro de la armada por una bala que le habían colocado en el culo. Sus padres murieron y el siente que ya no tiene a nadie a quien esperar, creo que eso es lo que lo hace mi amigo.
Lo conocí hace poco en “El coyote” tomamos un par de tragos y compartimos una que otra pelea con los mendigos cholos que habitan en las calles.
Desde ahí nos juntamos a beber y fumar marihuana casi todos los días en el bar, bien pues creo que estuvo conmigo tomando ayer aquí conmigo.
Perfecto, los envases ahí están, justo en la base de la ventana, ahí debí estar yo, buscando a la perra que me cojí. En la silla improvisada con ladrillos debió estar Billy, debimos estar muy ebrios por lo menos debe de haber unos 40 envases por cada quien. Hasta ahí todo normal, pero un envase de tequila roto, es lo que no parece normal.
Las colillas de cigarro son incontables y ni rastro de la marihuana. Un buen comienzo creo, aplaudiré a Billy cuando lo vea, no se rajo a embriagarse tanto como yo.
Mi cuerpo no tolera tanto alcohol y comienzo a vomitar sobre el suelo, unas tres veces, no, cuatro, los estragos me obligan a ponerme de rodillas y a agitar mi respiración. Ojos rojos y desorbitados buscan algún remedio y me encuentro mi navaja de la suerte sobre el suelo. Un momento largo acompaña mi mirada en esta, pues tiene sangre, se acompaña un ligero deseo de descubrir de donde proviene esperando que no sea de mis viseras.
Mi deseo se vuelve cada vez mas grande hasta que la tomo y uso el único recurso que me queda para descifrar de quien es dicha sangre, froto mi lengua contra la hoja y comienzo a reír como cuando niño, es menstruación, en definitiva es menstruación, por lo visto mi sexo estuvo como tantas veces lo quise. Pero aun esta la incógnita de donde esta Billy y sus achaques de nena cuando le daba cruda.
Pateo los envases para ver si alguno todavía tiene un poco de alcohol que calme estas ansias o en su defecto el cuerpo putrefacto de mí amigo, por la cantidad de sangre que hay por todos lados debe de ser de más de alguna persona.
La desesperación me lleva al delirio y grito el nombre de mi amigo mientras me doy por entendido que en definitiva alguien se lo llevo de aquí, mas el siendo un soldado veterano debió habérselas arreglado para salir con vida.
Enciendo un segundo cigarrillo mientras veo por la ventana la puerta del coyote, por la posición del sol, debe ser medio día y decido quedarme de ahí hasta que abran “el coyote” y ver si mi amigo regresa. Algo anda mal, el cantinero y su gorda mujer no están recogiendo el lugar, a estas horas deberían estar sacando la basura y escupiéndole a los cuerpos ebrios residuales para que se vayan del lugar.
Tal cual si el cigarrillo me contara una anécdota, los restos de este lugar me recuerdan lo que sucedió el día de ayer.
Una visita como todos los días en el coyote, me encontré con Billy y planeábamos tomar hasta morir esa noche, El asqueroso arpegio del músico nos daba una pista para conseguir el dinero que necesitábamos. Cuando terminó su verborrea acompañada de ridículos arreglos musicales, lo esperamos unas cuadras abajo del bar y le pusimos una putiza.
Asomo mi mirada a los nudillo y efectivamente ahí estaban su dentadura dibujada.
Regresamos al bar y comenzamos a beber –Billy, esa zorra será mía hoy, te lo apuesto- le comentaba al chaval mientras miraba a la gorda esposa del cantinero – hasta que no te vea desgarrarle el culo y viniéndote en su rizado pelo te pagare carnal- me dijo mientras se reía salpicando de saliva la barra.
Me acerque a ella y señale el departamento donde me encuentro ahora – cuando tengas oportunidad lánzate al departamento, te espera la verga mas parada que te puedas meter- le dije esperando una bofetada o una chinga de todos los ebrios del bar, mas sin darle mucha importancia, me sonrió, dio media vuelta y se fue a entregar dos cervezas a la mesa siguiente.
Le propuse a Billy que nos fuéramos al departamento y que con el dinero que le robamos al músico compráramos cerveza para toda la noche. Y llegamos a este pútrido lugar, tomamos, y fumamos marihuana mientras cantábamos desentonadamente las balbuceas de sonetos que habíamos escuchado esa noche.
-ya llegara- le dije a Billy mientras veía por la ventana a que saliera. –No te la coges culero, esa gorda le es fiel a su marido- decía Billy con voz entrecortada por el humo de la hierba.
Mas sin esperarlo la puerta sin chapa del departamento se abrió abruptamente, yo tome mi navaja para evitar pedos, me asome mostrando la cara y efectivamente, era la gorda esa.
-¿y la verga?- quería decir ella, pero antes que eso la tome de las greñas, la puse en cuatro patas y le di por el culo hasta que le sangro. –si te mueves te corto la matriz- le dije mientras pasaba mi navaja por sus abultados labios vaginales y su no afeitado y oloroso pubis.
A Ella le gustaba, lo se porque su marido era senil y debió tener mucho tiempo sin que la penetraran. Gemía como una vaca y eso me prendía, pues no quería detenerme hasta ver sus flácidos pechos llenos de mi semen.
Billy por el efecto de la mota solo se quedo mirando sin hacer gesto alguno, solo repetía –ya párale culero- pues había perdido la apuesta.
En ese momento, y sin esperarlo llego el cantinero, con un picahielos, gritando pendejadas, me dijo que moriría por eso y una sarta de estupideces mas a su mujer.
Saque mi pene del ano de la perra lentamente mientras aprovechaba la poca luz que entraba al departamento para ver como se desgarraba. El cantinero abofeteo a su mujer y se abalanzo contra mi, evadí su ataque y enterré mi navaja unas 3 o 4 veces en su estomago, idiota, en verdad que no sabia lo que hacia.
Lo arrojé al suelo y comencé a patearlo mientras la gorda lloraba y Billy pedía que me detuviera, no hice caso, las voces no me detienen.
-no mames carbón, este wey también es compa- decía Billy mientras me arrojaba contra la ventana que yace ahora rota, arrastro al cantinero mientras vociferaba que lo llevaría al hospital de urgencia.
Recuerdo un ligero momento a oscuras, mareado por el alcohol y la marihuana, la sombra de una persona que se acerco a mí después de eso, tomo la botella de tequila y la desmenuzo en mi cráneo.
Ahora todo esta claro… Billy, Billy, Billy… pequeño traidor… afortunadamente estaba ebrio y no sentí el dolor. Bueno, así seguiremos entonces después de la noche de ayer, espero verte pronto Billy, para tomarnos un par de cervezas y fumarnos la yesca que debe sobrar. Una aventura mas, una menos, no creo que Billy guarde rencor por lo de ayer. Tampoco la gorda, mucho menos la gorda, ella tal vez regrese ahorita.
Me recuesto una vez mas sobre el suelo y siento una zona fría en mi espalda, no puede ser, temía lo peor, me asomo para ver que sucedía en mi espalda y me doy cuenta de que esta rota mi chamarra…
Una larga pausa llenaba mis ojos de enojo… tomo mi navaja y me decido a desalojar el lugar, Billy, Billy, Billy… no debiste meterte con mi chamarra de cuero…
(que miedo con el vato uuuuuuu ¬o¬)
jueves, 4 de marzo de 2010
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