lunes, 3 de noviembre de 2014
TRIMATRóN
TRIMATÓN
Albar Antonio Ramírez García
Una vez paseaba en un sendero trimatón. Así lo denominé pues contaba con tres puntos fuertes importantes. No tenía un punto de partida, tampoco un punto de llegada, pero si un objetivo.
tres datos fuertes que me sitúan en un momento armonioso pues lo que esperas del espacio donde te encuentras es el mismo hecho de esperar, de percibir, de ver algo que no conozcas, y la acción, bueno, simplemente es caminar.
estos senderos empezaron a aparecer la primera vez que me desperté dentro de un sueño, de esa manera adquirí la capacidad de usar los senderos trimatones a voluntad, solo dentro de los sueños lúcidos.
Había antes caminado en senderos de arena, de cemento, pedruscos, incluso de plástico y mármol, pero el sendero trimatón no se compara con ninguno.
Siempre está cambiando, siempre tiene efectos sensitivos y visuales diferentes. En éste último que estuve, mis huellas dejaban una tinta negra y a medida que avanzaba esa tinta se hacía polvo y se iba volando como polvo bailando con el viento. Un granito de polvo detrás de otro y luego otros 4 y así sucesivamente.
Algunas huellas de polvo se volvían manchas en el espacio que al parecer eran nubes, otras más se escabullían como animalitos con miedo y se regresaban a la planta de mi pie. Otras más desaparecían de un lugar y aparecían en otro, siempre en intervalos de tiempo diferentes y al mismo tiempo con cierto ritmo que pareciera que me estuvieran invitando a bailar.
Cuando miraba hacia la inexplicable “nada” de entre lo que parecían unos montes a causa de los desniveles en el camino empezaste a emerger como si todo el tiempo hubieses estado ahí agachada soplando un diente de león, y luego otro y otro más.
Primero tu torso y se desenvolvía hasta que terminabas levantando la cabeza y con ella la mirada.
Adquirías una forma sin consistencia expandiéndote por el espacio y de repente ya eras nuevamente un cerro alejado parte del todo de este mundo de nada como burlándote de mi percepción pues no entendía la posibilidad de que eso sucediera. Aún así nunca trate de descifrarlo pues sabía que no llegaría a nada. Mis sentidos aun son incapaces de traducir tales movimientos.
Ahora eran más montes y mas imágenes tuyas en ellos, cada una de tus “tús” soplaba un diente de león que dejaba sus esporas fluir hacia el aire, y la combinación de estas hizo llover hacia arriba, solo que no se escuchaba su ruido por que no pegaban con nada.
Al estar mirándote en tantas formas realizando repetidamente estas actividades de levantarte, descomponerte, volverte monte, soplar dientes de león y duplicarte una y otra vez. Quise tocar alguna de todas tus imágenes al igual que tu a mí, levante mis manos para acariciarte y todas tus reproducciones hacían lo mismo hacia mí, todas me miraban con delicadeza y dibujaban una sonrisa tan cálida que claramente pude sentir como abrazaba mi corazón.
Mas en ese instante un trueno sonó a lo lejos como la tormenta que se avecina. Eran las esporas de los dientes de león que servían a tus deseos. Se pusieron de acuerdo para formar una nube enorme que hizo llover hacia mí. Cada gota tomaba la forma de tu tacto. Empezó con una que calló en mi mejilla, otra en mi hombro y así hasta que me cubrió el cuerpo completo.
Cada gota, una caricia tuya que me hizo sucumbir en la alegría más profunda que albergaba dentro de los latidos que invaden mi pecho.
No pude evitarlo, me conmoví tanto al sentir tanta belleza que comencé a llorar, algo que solo tú y yo sabíamos que sucedía pues mis lágrimas se diluían con la lluvia y se confundían con las gotas que me brindaba el entorno.
No pude evitar comenzar a dar vueltas y tratar de bañarme con la lluvia, mas algún efecto de la física inusual dentro del trimatón hacia que la estela de mis movimientos de quedara permeada en el aire volviendo mis movimientos una escultura de plasma que dibujaba tan solo los colores de mis ropajes café y verde.
No te voy a mentir que hubo un momento en el que me perdí a mi mismo, no sabía en qué parte de toda esa estela de movimiento me encontraba, no sabía si mi cuerpo pertenecía al que genera las estelas, o si era las estelas mismas donde se encontraba mi esencia.
De pronto, algo dentro de toda esa masa de plasma empezó a vibrar intensamente, se empezó a mover hacia un rumbo del sendero del trimatón dejando poco a poco la estela de plasma atrás. Comenzaba a tomar forma y no sabía bien que era hasta que vi la sonrisa que se dibujaba en un oblicuo saliente. Eras tú, y yo.
Una especie de ser que se confundía contigo y conmigo al mismo tiempo. Corrí mas hasta que esa masa tomó mi forma, sin embargo sabía que tu energía vital viajaba dentro de mí. Fue hasta ahí donde mencioné tu nombre…. Saraí----- delicioso fue pronunciarlo pues mi boca solo jugaba con las cuerdas vocales de mi garganta. Sin pensarlo, sin razonarlo, solo la concepción de los labios y el viento dejaron salir tu nombre.
Seguía caminando. Seguía viendo formas en blanco y negro, arboles hechos con los cuerpos de humanitos constituidos por masas flotantes de tinta china. Y en uno, de esos árboles…. Trate de materializarte para darte un abrazo. Mientras me acercaba las hojas de este árbol iban reproduciendo volviéndolo mas frondoso poco a poco, casi al punto de hace que los ramajes del árbol colgaran hasta el suelo. Cuando finalmente estaba por abrazarte en el árbol. Las hojas comenzaron a volar pues se transformaron todas ellas en mariposas. Volviendo las hojas del árbol en nubes en movimiento. Nos cubrían y pasaban por nuestros huecos corporales. Debajo de nuestras piernas, entre nuestros brazos jugando con nuestros rostros, bailando con nuestros dedos.
Comenzaron a dispersarse las mariposas hasta que el árbol se quedo seco. Sin hojas, solo sus ramas sin hojas que dibujaban una especia e red que apuntaban hacia la tierra.
Solo nos quedamos tú y yo. Tu en el interior del árbol como si cobijaras tu alma con el calor de su corteza y yo abrazado del árbol seco, sabio y elegante. Lo solté y claramente pude ver en él, la sonrisa con la que comenzaste a seguirme desde el comienzo-mitad del trimatón hasta ahora. Con diferentes formas y siempre con la misma calidez.
Sigo mi camino, miro hacia el horizonte que cuenta con muchas andadas subidas y bajadas, Tu vuelves a ser monte, diente de león, tinta china plagada en el ambiente, huellas que se vuelven polvo, nubes que se forman con humanitos, corteza de árbol elegante y sabio… sigo con el paso del infinito trimatón. Que no tiene comienzo ni final, solo un objetivo de ver qué sucede, de disfrutar la acción de andar y dejar que el mismo trimatón sea quien alimente el sueño. Claro… después despertar…
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